La guerra de Charlie Wilson

3/01/2008




“La Guerra de Charlie Wilson” es una guerra moral propia de la alta política, traducida a su máximo esplendor que es la bajeza política.
Paradojas de la vida, esos amigables y receptivos Talibanes que expulsaron de sus tierras a la amenaza roja en plena guerra frió, con la ayuda de los americanos; sean los que más tarde pusieran en jaque a todo el mundo con el atentado de las torres gemelas.
Pero el cine a veces resulta engañoso, como la vida real; y es el caso que explicaremos en la crítica de “La guerra de Charlie Wilson”.

Charlie Wilson es un mujeriego, bebedor y juerguista senador por Tejas; y tras visionar un reportaje sobre la guerra que se estaba realizando por parte de los comunistas rusos en Afganistán deciden tomar cartas en el asunto.
Primero doblará un presupuesto a 10 millones de dólares en los primeros minutos de la cinta, hasta pasar a mil millones al final.
Esta es una historia, supuestamente, real que se cierra con un buen y descorazonador final que muestra la perpetua arrogancia de ese país.


Detrás de toda figura política de peso, o con carrera en su currículo, siempre encontramos a un benefactor poco claro, que alimenta las arcas en pro de su candidato. Esta figura la encontramos representada por Julia Roberts, así pues junto a Tom Hanks en el papel protagonista del senador bonachón Charlie Wilson, podremos ver la primera aparición de dos súper stars en una misma película.
Los papeles que encarnan los protagonistas son agradecidos; esperpénticos, de caricatura gruesa.
Quien nos iba a decir que la sonrisa de América haría un papel de señora ligera de cascos, y Tom Hanks, ese actor soso, seria un juerguista mujeriego.
Pues con los papeles bien definidos ya podemos empezar la función.

El senador Wilson, tras visitar un campo de refugiados decide tomar riendas en el asunto y dar rienda suelta a todos los clichés políticos, endulzados con apuntes biográficos.

Entre todo ese baturrillo aparece Philip Seymour Hoffman, en un papel secundario nominado al Oscar, e injustamente arrebatado por Javier Bardem.
La aparición en escena de este actor es reconfortante, es la pieza que desengrasa y engrasa en los momentos idóneos, aunque casi siempre este de vuelta de todo.

Parte de culpa tiene de uno de los mejores momentos de la película, cuando transcurre su primera visita al senador para informar sobre sus acciones sobre Afganistán. Como si fuera una película de los hermanos Marx, entran y salen en tropel sus secretarias, y Philip Seymour Hoffman a la inversa para dejarles privacidad.
En resumen, podríamos decir que Philip Seymour Hoffman, es el Pepito Grillo de este cuento de niños.

El transcurso de la cinta, cuando Charlie Wilson consigue hasta mil millones y los rusos, representados como monstruos de bajeza humana; en esperpéntica por momentos.
Las escenas de lanzamiento de mísiles contra los helicópteros parecen de chiste y la moralina final descorazonadora por lo real que es.


Philip Seymour Hoffman, apuntilla la cinta con una historia a modo de proverbio, dando entender, que el trabajo no es solo dar armas y formar en el arte de la guerra, sino educar y formar a las nuevas generaciones para arrinconar el odio y progresar como pueblo.
Charlie Wilson, hará un ultimo intento, pero ya sabemos como acaba la entrada.



Nota final: 5.5




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